Resumen

Objetivos Docentes
Reconocer y estadificar las diferentes lesiones quísticas renales mediante la clasificación de Bosniak a partir de casos de en nuestro hospital.


Revisión del tema
En los últimos años se ha incrementado la detección de tumoraciones renales debido al aumento de pruebas radiológicas. Hasta un 15% de ellas son quísticas, presentando características que pueden solaparse con las de los quistes benignos complejos.
Los quistes renales simples son comúnmente observados en los riñones normales, aumentando su incidencia a medida que las personas envejecen. Son el resultado de diferentes procesos, genéticos y no genéticos. Pueden presentarse en el contexto de diferentes enfermedades, tanto en adultos como en la infancia.
Los más comunes en adultos son los quistes renales simples. Entre los procesos patológicos que pueden asociar quistes se encuentran la enfermedad poliquística del adulto, enfermedad quística adquirida en pacientes con insuficiencia renal terminal tras varios años en diálisis, o en el riñón medular "en esponja".
Otras causas poco comunes de los quistes renales en adultos son la enfermedad de Von Hippel-Lindau, el complejo de esclerosis tuberosa, y Nefronoptisis.
La clasificación más útil para evaluar las lesiones quística renales sigue siendo la de Bosniak. Fue desarrollada por Morton Bosniak en 1986 con el objetivo de estandarizar los hallazgos y las opciones terapéuticas de las lesiones quísticas renales, fundamentalmente orientada a las complejas. Desde entonces, ha sufrido dos modificaciones, la última en el año 2005. Descrita inicialmente para tomografía computarizada (TC), actualmente también se contempla su utilidad en la resonancia magnética (RM) y en la ecografía con contraste, asumiendo, en el caso de que existan discrepancias, la puntuación más alta.
La RM suele precisar mejor los septos o tabiques, y el engrosamiento de los mismos, especialmente en quistes menores de 2 cm.
Alrededor del 3% de las formaciones quísticas tienen calcificación parietal, habitualmente en forma de ?cáscara de huevo. En un 20%, las calcificaciones parietales pueden expresar una transformación maligna.
La hemorragia está presente hasta en un 6% de los quistes renales, aumentando hasta el 68% en pacientes con riñones poliquísticos. En el interior del quiste, la sangre puede desencadenar una reacción inflamatoria que afecte a su pared, y desarrollar un tejido de granulación que puede realzar con el
contraste IV, engrosar la pared del quiste y calcificar.
Otra ventaja de la RM es la mejor caracterización de la captación de contraste de los septos dentro de quistes hemorrágicos. La alta densidad de la sangre no permite valorar adecuadamente la captación del contraste en la TC, pero las técnicas de sustracción en la RM son útiles en esta situación. En casos complejos se debe recurrir a este método de imagen para caracterizar mejor las lesiones quísticas.
Sin embargo, debido a los artefactos inherentes a la RM, los tabiques pueden parecer más gruesos que en TC, y dar lugar a discrepancias ya que, lesiones clasificadas como II o IIF en TC podrían clasificarse como IIF y III respectivamente en RM. Además, observadores con menos experiencia tienden a establecer más lesiones como IIF y III debido a la resolución tisular y al mayor contraste que proporciona la RM, lo que conlleva mayor número de procedimientos quirúrgicos en lesiones benignas.
El tamaño de una lesión quística no es un buen predictor de malignidad. No obstante, la gran mayoría de los quistes renales menores de 1 cm son benignos.